Una pone
toda su predisposición para encarar el asunto, se concientiza de lo que
implicará la tarea y asume que la principal herramienta es la paciencia sin
lugar a dudas.
Para mi lo
primero es ver los indicios, no es que este hablando de una película de Indiana
Jones pero si va al caso, hay que ponerse el sombrero y arremangarse en la
búsqueda por el control de esfínteres.
Es un punto
crucial en la vida de nuestros hijos, porque implica el paso del bebe a ese
nene que va ganando una mayor independencia y despegue de la madre. Hay que
poner toda nuestra atención en como presentamos el mecanismo para ellos, que no
es extraño en su totalidad para ellos, porque más de una vez mi hijo me ha
acompañado al baño.
En mi caso,
ya por demás…nose usted pero en mi casa el baño es casi público. Ya les digo,
mi madre, mi hermano y yo hemos compartido el baño, cada uno en sus diferentes
rutinas o necesidades. En el marco de esto, las charlas infaltables. Cuantas
veces me he sentado en el borde de la bañadera a conversar con mi madre cuando
estaba en el trono, no de hierro precisamente. Pero esa es otra cuestión… a
tratar por un psicólogo claramente.
A Dante le
compré un súper inodorito de Mickey que poco más faltaba que hablará, “Estas
madres de hoy”, escuche decir a más de una. El tío Diego estalló cuando la vio,
recordó su taza azul, simple y concreta, me miró adivinando el precio y me
dijo: “Y acá el pibe va a hacer pis???”. Si, era mi idea.
Las madres
tenemos ese problema, hay una distancia que a veces es pequeña y otras abismal
entre “nuestra idea” y la de nuestros hijos. En eso la simpleza de las nonas y
abuelas, nos gana por goleada pero como queremos hacernos las superadas y
modernas, compramos la súper pélela. También nosotras sin darnos cuenta estamos
aprendiendo, porque a mi nadie me educó como enseñar a hacer pis.
En
diciembre le presentamos a Dante su pélela que le pareció simpaticona,
arrancamos bien dije yo. También había comprado calzoncillos varios, de cars,
con rayas y de colores. Todo preparado, lo tome con calma y EL TAMBIÉN.
No quería
saber nada, lo sentabas y empezaba a los gritos. Probamos llevar la pélela
al baño, a
la habitación, afuera al patio porque mi mama decía que tenía que estar a mano.
No hubo caso, ni miras el pibe de hacer ahí. Todos se burlaban de la pélela de
Mickey, y al final tanto mamotreto para nada. Avise en el jardín y les pareció
bien arrancar con el tema.
Desde ya
que había indicios como les dije antes, en los meses anteriores él ya no quería
el pañal y hacia mucho lío para ponérselo y avisaba del pis. Se estaba
empezando a dar cuenta. El pediatra remarco que siendo verano y habiendo
cumplido los dos años ya se podía empezar. Ni que hablar cuanto ayuda esto a la
economía, el alivio que produce cuando el chico deja los pañales. A muchos les pareció pronto, yo creó que hice
bien…pero probablemente sea un poco parcial.
Cuando
comenzamos con la pélela, dejo de avisar del pis y se hacia por todos lados.
Fue un descontrol total, los juguetes pillados, la mamadera o el vaso los
pillaba también porque los dejaba en el suelo. Un par de sandalias no llegaron
a terminar el verano, el olor no se lo pudimos sacar y de las lavadas se
despegaron.
Entonces
comenzamos con los pants, los pañales que son como un calzoncillito para ver si
con esto se ordenaba un poco más el asunto. La verdad es que salen un ojo de la
cara pero son mucho más fáciles de poner y también le permiten a esta edad
mayor movilidad. Al tenerlos puestos todo el día dejo de avisar y no sirvió de
mucho para el hábito porque tampoco quería sentarse. Al contrario escondía la
pélela debajo de la cama.
A esta
altura fines de febrero y cansada, pregunte en el jardín y me dijeron que si
bien no pedía cuando lo llevaban al inodorito hacía. OK. Saqué la pélela y
contra las opiniones de la abuela, lo senté en el inodoro e hizo pis. ¡¡Si hizo
pis!!No solo esa vez, sino varias más. Cuando llegaba del jardín le sacaba los
pañales, y los fines de semana fueron una continúa practica. Si bien se hacía
pis un poco porque no llegaba, muy de a poco fue ganando más control. Usamos la
parte de abajo del inodoro de Michey como tarima para el grande, y de paso que
estamos, también le incluí el hábito de cepillarse los dientes con esa misma
tarima. Nadie creía porque la verdad se seguía haciendo pis. Empezamos a
cantar, a hacer juegos, a correr al baño y muy de a poco, Dante lo esta
logrando.
Estamos
pisando abril, y estoy feliz. Aún no puedo sacarme el sombrero de Indiana Jones
pero seguimos en carrera al ritmo de:
“¿Qué vamos a hacer?
¡Pis!
¿A dónde?
¡En el inodoro!!!!”