lunes, 11 de mayo de 2015

Un Jardín para mi Hijo



Mi hijo Dante de 2 años asiste al Jardín Floopy de Barrio Seré en Castelar, ubicado en la calle Domínguez 3357, entre las casas de la cuadra es la que se distingue  por su color amarillo girasol y porque al pasar a medio día desde la ventana el aroma de la comida que Cecilia preparó para los chicos deja a más de uno con antojo.

Todas las mañanas recorremos con Dante el camino al jardín, contento a veces, otras con sueño, otras de mal humor, hay veces que no quiere bajarse de mis brazos, pero cuando saludamos la casa de las hormigas y empieza la vereda del jardín, él ya se empieza a despedir “¡Chau Mama! Nos vemos”, dice ahora.


Al principio en el período de adaptación las mamas y papas nos sentimos mal porque este primer despegue nos cuesta a ambos, y más cuando hay que salir a trabajar y no queda otra. Floopy y sus seños nos acompañaron en ese camino, tanto a Dante como a mí. No solo lo recibieron con alegría, paciencia y abrazos sino que al regreso, a mí como mama me trasmitieron un abrazo de calma y seguridad. Me brindaron un espacio para plantear mis inquietudes y aconsejarme respecto a aquellas cosas que como padres desconocemos porque nadie nos enseñó a serlo.

Me pone feliz ver a mi hijo mucho más sociable, ver como ha logrado avanzar en el lenguaje cuando al principio tenía dudas sobre como le iban a entender lo que quisiera sus seños porque no hablaba nada. Lo veo salir contento y saludar con un beso a sus seños Romy y Vale, quienes nos recuerdan la importancia del cuaderno de comunicados porque a veces los grandes también tenemos tareas.

Dante aprendió las partes del cuerpo, y son de gran ayuda para trabajar el tema de los límites. Cuando doy vuelta la esquina me voy tranquila porque se que dejo a mi hijo en buenas manos, porque no solo los aspectos del aprendizaje están cubiertos sino que Floopy es la familia escolar que tiene Dante cuando mama no esta. Allí durante las horas que pasa son las seños las que lo contienen y acompañan, lo que veo reflejado en su sonrisa cuando lo voy a buscar.
  

¡Gracias a las docentes de Floopy !



martes, 7 de abril de 2015

Pichin


Una pone toda su predisposición para encarar el asunto, se concientiza de lo que implicará la tarea y asume que la principal herramienta es la paciencia sin lugar a dudas.
Para mi lo primero es ver los indicios, no es que este hablando de una película de Indiana Jones pero si va al caso, hay que ponerse el sombrero y arremangarse en la búsqueda por el control de esfínteres.

Es un punto crucial en la vida de nuestros hijos, porque implica el paso del bebe a ese nene que va ganando una mayor independencia y despegue de la madre. Hay que poner toda nuestra atención en como presentamos el mecanismo para ellos, que no es extraño en su totalidad para ellos, porque más de una vez mi hijo me ha acompañado al baño.

En mi caso, ya por demás…nose usted pero en mi casa el baño es casi público. Ya les digo, mi madre, mi hermano y yo hemos compartido el baño, cada uno en sus diferentes rutinas o necesidades. En el marco de esto, las charlas infaltables. Cuantas veces me he sentado en el borde de la bañadera a conversar con mi madre cuando estaba en el trono, no de hierro precisamente. Pero esa es otra cuestión… a tratar por un psicólogo claramente.

A Dante le compré un súper inodorito de Mickey que poco más faltaba que hablará, “Estas madres de hoy”, escuche decir a más de una. El tío Diego estalló cuando la vio, recordó su taza azul, simple y concreta, me miró adivinando el precio y me dijo: “Y acá el pibe va a hacer pis???”. Si, era mi idea.

Las madres tenemos ese problema, hay una distancia que a veces es pequeña y otras abismal entre “nuestra idea” y la de nuestros hijos. En eso la simpleza de las nonas y abuelas, nos gana por goleada pero como queremos hacernos las superadas y modernas, compramos la súper pélela. También nosotras sin darnos cuenta estamos aprendiendo, porque a mi nadie me educó como enseñar a hacer pis.

En diciembre le presentamos a Dante su pélela que le pareció simpaticona, arrancamos bien dije yo. También había comprado calzoncillos varios, de cars, con rayas y de colores. Todo preparado, lo tome con calma y EL TAMBIÉN.

No quería saber nada, lo sentabas y empezaba a los gritos. Probamos llevar la pélela
al baño, a la habitación, afuera al patio porque mi mama decía que tenía que estar a mano. No hubo caso, ni miras el pibe de hacer ahí. Todos se burlaban de la pélela de Mickey, y al final tanto mamotreto para nada. Avise en el jardín y les pareció bien arrancar con el tema.

Desde ya que había indicios como les dije antes, en los meses anteriores él ya no quería el pañal y hacia mucho lío para ponérselo y avisaba del pis. Se estaba empezando a dar cuenta. El pediatra remarco que siendo verano y habiendo cumplido los dos años ya se podía empezar. Ni que hablar cuanto ayuda esto a la economía, el alivio que produce cuando el chico deja los pañales. A  muchos les pareció pronto, yo creó que hice bien…pero probablemente sea un poco parcial.



Cuando comenzamos con la pélela, dejo de avisar del pis y se hacia por todos lados. Fue un descontrol total, los juguetes pillados, la mamadera o el vaso los pillaba también porque los dejaba en el suelo. Un par de sandalias no llegaron a terminar el verano, el olor no se lo pudimos sacar y de las lavadas se despegaron.

Entonces comenzamos con los pants, los pañales que son como un calzoncillito para ver si con esto se ordenaba un poco más el asunto. La verdad es que salen un ojo de la cara pero son mucho más fáciles de poner y también le permiten a esta edad mayor movilidad. Al tenerlos puestos todo el día dejo de avisar y no sirvió de mucho para el hábito porque tampoco quería sentarse. Al contrario escondía la pélela debajo de la cama.

A esta altura fines de febrero y cansada, pregunte en el jardín y me dijeron que si bien no pedía cuando lo llevaban al inodorito hacía. OK. Saqué la pélela y contra las opiniones de la abuela, lo senté en el inodoro e hizo pis. ¡¡Si hizo pis!!No solo esa vez, sino varias más. Cuando llegaba del jardín le sacaba los pañales, y los fines de semana fueron una continúa practica. Si bien se hacía pis un poco porque no llegaba, muy de a poco fue ganando más control. Usamos la parte de abajo del inodoro de Michey como tarima para el grande, y de paso que estamos, también le incluí el hábito de cepillarse los dientes con esa misma tarima. Nadie creía porque la verdad se seguía haciendo pis. Empezamos a cantar, a hacer juegos, a correr al baño y muy de a poco, Dante lo esta logrando.

Estamos pisando abril, y estoy feliz. Aún no puedo sacarme el sombrero de Indiana Jones pero seguimos en carrera al ritmo de:

“¿Qué vamos a hacer?
¡Pis!
¿A dónde?

¡En el inodoro!!!!”