Si bien a mi todavía me faltan unos meses siento que me
están pisando los pies los veinticinco, pero ahora era el turno de Chochi. Para
ella cumplir 25 la colocaba a 5 años de los 30, dicen que las mujeres esperan
esa edad porque es la época de plenitud donde se supone que se disfruta de las
metas alcanzadas y se es un poco más sabia y precavida que a los 20. Para lo
cual no hace falta mucho, francamente. Para mi, estoy a 5 años de los 20 como
si no hubiese disfrutado aún de esta etapa y no quisiera dejarla escapar tan rápido.
Para Fede que tiene
27, ya está pisando los 30 irrevocablemente, lo dice acomodando los hombros y
con una pequeña mueca en la boca que le da un aire se superioridad que me
encanta, como si esos tres años que restan ya lo ubican en la edad de la
adultez…para algunas cosas, porque para otras sigue teniendo ese toque juguetón
que espero no pierda nunca.
Los 25 se sienten,
como si solo tuvieras 5 años más de chance para terminar la carrera; mudarte
finalmente de la casa de tus viejos; tener un auto decente que tu novia no
tenga que bajarse a empujar, y además tener que escucharla quejarse de eso;
cambiar a una MOTO porque la zanellita bueno
“no garpa”; ponerte a punto con el gimnasio y esa celulitis enemiga de las
polleras y los shorts porque ya no tenés la escusa del estudio y las mil horas
sentada y aparte porque hay que “llegar
bien a los 30”; apurar a tu novio a ver si decide casarse o irse a vivir
porque salen desde los 18 y ya no se sabe bien que son; “definir el rumbo de tu vida” el debate para muchos entre lo que
gusta y apasiona contra la necesidad de vivir y progresar o mínimamente llegar
a fin de mes sin pedir prestado a tus viejos; proponerte seriamente que
posibilidades francas de crecimiento hay en esa empresa o sino tomarte el palo y buscar otra cosa
mejor, ojo no abandones e barco sino no ha nada seguro aún; Y
otras muchas cosas más.
Chochi cumple 25 y nos esperaba en su departamento donde se
mudó hace 8 meses con su novio Javi después que se comprometieron. El lugar es
hermoso, tiene un toque de ambos que lo hace homogéneo a la vista. Música y
libros no faltan. It feels like home.
Dante se portó bárbaro, no comió mucho porque cuando va a
otras casas se distrae mucho jugando, pero seguimos intentando. Llegamos
temprano porque como iban otros amigos quería que Dan tuviera espacio para
jugar, cansarse y después se dormirse. Si bien tiro largo rato, resulto bien.
Cerca de las 11 de la noche llegaron los amigos de Chochi, un matrimonio recién
casado y dos amigas. Dante salió disparado cuando se abrió la puerta y le tiro
los brazos a la recién casada Paulita que no la conocía, pero como saben, los
chicos tienen ese instinto o feeling.
“¿Es de ustedes? ¡Es más lindo que en las fotos!”
Gracias. Si mío, nuestro?
Tal vez lo pregunto pensando que a esa hora iba a haber
otras personas, o porque Paulita y yo no nos habíamos visto antes o que se
yo. Gracias, dije y sonreí pensando en
las fotos que sube Chochi con Dante a la red, y después me quede procesando el
ustedes durante 10 segundos que me sacudieron el alma. Mio si es mio,
lógicamente pero tal vez dado la situación no era lo correcto decir, o bien que
esperaba él que dijese. Pensé muy desordenadamente. Estaba sentada en la pierna
de Fede, apoyada sobre la mesa, y me di vuelta con el interrogante en la
mirada, sorprendida ante un simple ustedes que no se me había dado por pensar y
que llego. Así que pregunta porque que más iba a hacer: “Mío si, pero nuestro?” Fede tan seguro como siempre pero natural
como si le preguntará si estaba lloviendo o no, me dijo. “Nuestro, obvio”.
La ocasión: el
cumpleaños número 25 de Tía Chochi
El lugar: una
reunión de amigos
El momento: un
saludo
El hecho:
asesinato del pronombre Mío por el Nuestro.
