Dormir? Es un algo que hace muchos meses desconozco. Hace
cuanto que no duermo sin importar nada más, solo dormir… Si tan solo, si tal vez
dije cientos de veces… pero hay que ver que mi cama es de una plaza.
La abuela Chuchy una genia, se quedo con Dante un rato para
que yo pueda dormitar un poco más teniendo en cuenta que es domingo. Hasta las
madres tienen fines de semana, solo que más cortos. Tras una impecable hora de
sueño, me paro y me miro al espejo es evidente que mi pelo necesita bañarse y
yo también. En un sueño de media mañana
de Dante abro la canilla. Dichosa y fantástica, decidí cortarme el pelo.
Hay que agradecer a los 90 los shoppings, los am. pm, la proliferación de los Mc’Donals
y las peluquerías que abren los domingos.
Fui sin Dante que se quedo almorzando con la abuela,
básicamente para hacer más rápido e ir tranquila. No había prácticamente nadie
solamente una señora que estaba para tintura y entre los peluqueros fui con
suerte, me toco un bombonazo. Yo feliz, corta nomás!
“Te estafaron”, dijo mi mama antes del Hola y cuando aún estaba entrando. Sin vaselina un apercat directo
a mi autoestima. No gusto ni medio, sin embargo me pregunto: ¿Era para tanto? El
peluquero dijo que me hacia más joven y me compró, llámalo tonto, también me ofreció claritos para no quedar mal le dije
que la próxima, la próxima que tenga un poco de eso que le dicen holgadez
económica. Mi deseo de mejorar mi estética personal llega hasta ahí.
Cuando una tiene un nuevo corte hay que lucirlo, esto es ASÍ!
más si está acompañado de una reflexión de esas que parecen trascendentales. De
repente frente al espejo estaba yo, el espejo que no miente, los rasgos más
adultos ya de unos 24 años y un hijo. No pregunten por mi panza, y sí tengo
estrías. En ese momento sentí que me había encontrado conmigo misma, porque me
sentía completamente satisfecha con lo
que veía reflejado. Me cortaba el pelo porque a mi me gusta corto, aunque a mis
muy pocos novios, 2, les caiga en poca gracia. No obstante, el papa de mi nene
tuvo que reconocer que me queda lindo. En definitiva, me gusto como me veía, me
gusto que por primera vez me arreglaba para mi, me vestía para mi sin importar
los demás. Claro que duro poco mi felicidad, después del “ te estafaron”, volví
a pensar y a vestirme un poco para los demás, ¿En todo caso, soy menos legítima
como mujer del siglo XXI por eso?