miércoles, 10 de julio de 2013

Arriba Na!



Dormir? Es un algo que hace muchos meses desconozco. Hace cuanto que no duermo sin importar nada más, solo dormir… Si tan solo, si tal vez dije cientos de veces… pero hay que ver que mi cama es de una plaza.
La abuela Chuchy una genia, se quedo con Dante un rato para que yo pueda dormitar un poco más teniendo en cuenta que es domingo. Hasta las madres tienen fines de semana, solo que más cortos. Tras una impecable hora de sueño, me paro y me miro al espejo es evidente que mi pelo necesita bañarse y yo también. En un sueño de  media mañana de Dante abro la canilla. Dichosa y fantástica, decidí cortarme el pelo.
Hay que agradecer a los 90 los shoppings, los am. pm, la proliferación de los Mc’Donals y las peluquerías que abren los domingos.
Fui sin Dante que se quedo almorzando con la abuela, básicamente para hacer más rápido e ir tranquila. No había prácticamente nadie solamente una señora que estaba para tintura y entre los peluqueros fui con suerte, me toco un bombonazo. Yo feliz, corta nomás!
“Te estafaron”, dijo mi mama antes del Hola y cuando aún estaba entrando. Sin vaselina un apercat directo a mi autoestima. No gusto ni medio, sin embargo me pregunto: ¿Era para tanto? El peluquero dijo que me hacia más joven y me compró, llámalo tonto, también  me ofreció claritos para no quedar mal le dije que la próxima, la próxima que tenga un poco de eso que le dicen holgadez económica. Mi deseo de mejorar mi estética personal llega hasta ahí.  
Cuando una tiene un nuevo corte hay que lucirlo, esto es ASÍ! más si está acompañado de una reflexión de esas que parecen trascendentales. De repente frente al espejo estaba yo, el espejo que no miente, los rasgos más adultos ya de unos 24 años y un hijo. No pregunten por mi panza, y sí tengo estrías. En ese momento sentí que me había encontrado conmigo misma, porque me sentía completamente satisfecha  con lo que veía reflejado. Me cortaba el pelo porque a mi me gusta corto, aunque a mis muy pocos novios, 2, les caiga en poca gracia. No obstante, el papa de mi nene tuvo que reconocer que me queda lindo. En definitiva, me gusto como me veía, me gusto que por primera vez me arreglaba para mi, me vestía para mi sin importar los demás. Claro que duro poco mi felicidad, después del “ te estafaron”, volví a pensar y a vestirme un poco para los demás, ¿En todo caso, soy menos legítima como mujer del siglo XXI por eso?